martes, 20 de septiembre de 2011

Nadie dijo que sería fácil!



Muchos dicen que hijo eres y padre serás. La realidad es que ser madre es una sensación maravillosa, es un amor por alguien en éste caso por una personita que tuviste en tu vientre por 9 meses, en mi caso por 8 meses.  Es sin dudas un amor imposible de describir. Nadie te dará ese amor tan puro y genuino como lo hace tu pequeño hijo, ni siquiera tu pareja. No digo que es un amor desinteresado, ya que por ahí hay muchos hijos interesados de diferentes formas para bien o para mal. Siempre que mi hijo hace travesuras o tiene un mal comportamiento me viene a la mente la cantaleta de mi madre. Yo soy la segunda de tres hijos, o sea el jamón del sándwich como decimos en buen puertorriqueño.  Por alguna razón a mi madre le gusta hacerle el cuento a la gente de que yo era bien traviesa y “tremendita” como dice ella. A todos les cuenta como yo me defendía de los varones en la escuela y como si hacia algo “malo” lo decía. Reconocía a viva voz de que había hecho  algo malo. Siempre me decía: “ya verás cuando tengas hijos, ahí vas a pagar todas las que has hecho”. Whatever that means!!  Reconozco que era media  “tremendita”,  pero mami siempre exagera la nota!

Mi hijo tiene 3 años y ya va al colegio desde que cumplió los dos. Ahora mismo está en Pre-Pre (cosa que para mi tiempo no existía).  Lo pusimos desde los dos añitos por recomendaciones de la Patóloga del  habla, ya que tiene un leve rezago en el habla. Pues resulta que el año pasado me dieron quejas en el colegio por su mal comportamiento y por pelear. Si, por pelear! Para ser exacta peleo en 4 ocasiones. Se agarró de los pelos, hubo puños, patadas y mordiscos. Solo que gracias a Dios en su caso fue defendiéndose del otro niño. Un niño del que me atrevo a decir es un “bully” en potencia pues prácticamente ataco a mordiscos a casi todos los niños del salón. Pues ahora en lo que va de semestre me han dado más quejas de las que me dieron en todo un año.

Tan reciente como ayer  y hoy la maestra me ha enviado notas y hasta hablo conmigo del mal comportamiento de mi hijo. Hace lo que le da la gana, no sigue instrucciones, no hace la tarea del salón, en fin la lista es larga… Pero por lo menos en la lista no está incluida el que haya peleado con nadie. A Dios gracia, pues en esta casa no se patrocina la violencia.

Cansados de ponerlo en el “time out” y que no nos funcionara, decidimos que lo íbamos a disciplinar castigándolo en su cuarto. Le quitamos parte de sus privilegios como por ejemplo, ver sus películas o muñequitos favoritos y  jugar con mi antiguo iPhone o jugar en la computadora. Solo le permitimos jugar en su cuarto con sus juguetes, no podemos olvidarnos de que solo tiene 3 años. No fue fácil, lo admito!!! Tuvimos que ser bien persistentes,  pues él es un niño con un carácter bien imponente. El sigue, sigue  y sigue tratando de salirse siempre con la suya.  Solo que su papá y yo somos dos zorros viejos que nos sabemos ya todos sus trucos. Se salía de su cuarto y volvíamos a meterlo. Me canse de contar las veces que tuvimos que hacerlo. Tanto mi esposo como yo le explicamos en todas las ocasiones que tuvimos que hacerlo las razones por la cual lo estábamos castigando y privándolo de las cosas que más le gustan. Todo eso pareció haber funcionado porque cambio rápidamente su comportamiento. Tan pronto como al siguiente día su maestra noto el cambio. Casi todos los días a la hora de salida la maestra me decía lo bien que se había portado y lo bien que estaba trabajando en el salón. 


Pues todo eso sirvió de remedio hasta ayer. Tanto mi esposo y yo nos sentamos en la noche a hablar con él. Le dijimos que tenía que aprender a seguir instrucciones y portarse bien en la escuela con su maestra y compañeros de clase. Lo hicimos prometer que iba a portarse bien (sabemos que solo tiene 3 años, pero créanme el entiende muy bien). Hoy cuando lo fui a recoger al colegio nuevamente me recibieron con la mala noticia de que estuvo todo el día portándose mal. No quiso hacer su tarea, no siguió instrucciones, etc. Inmediatamente le llame la atención. Tan pronto lo monte en la guagua le dije que estaba castigado y que había perdido nuevamente sus privilegios. Así que aquí estoy mientras escribo llevándolo a su cuarto cada vez que se sale y recordándole el porque está en su cuarto sin poder hacer uso de sus privilegios. 

Disciplinar con amor… Nadie dijo que sería fácil! 

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